Allí estaban todos, la Tristeza reinaba en al sala y el Recuerdo paseaba entre las miradas de los asistentes. La Añoranza entraba por la puerta, el Dolor la sostenía abrazada. El Arrepentimiento, agarraba fuertemente la mano del Amor sin vida, que permanecía inmóvil en el centro de aquella sala.
La Cordura se puso en pie frente al Amor, y señalándolo, lo culpó de su propia muerte, reprochándole las veces que dijo que no se enamoraría más, por las veces que presumió de saber controlarlo, y terminó asegurando que su error, era el no saber sentir lo que el mismo era… Amor.
La Dignidad aplaudió con la cabeza alta, seguida por la Cobardía, que miraba desde lo lejos de la sala. El Orgullo mostró su apoyo a la Mentira, que se encontraba temblorosa a su lado.
En aquel momento la Locura gritó horrorizada. Furiosa, apartó a la Cordura de al lado del Amor, abrazó a este y le pidió perdón por ser cómplice de su muerte.
La Sinceridad, arrastraba de la mano a la Verdad, y con un tono de voz firme, exigió disculpas de los allí presentes, pues Amor, había muerto, no por no saber amar, si no por no ser correspondido…